lunes, 15 de febrero de 2010

Enfermedades Sexuales

Las enfermedades de transmisión sexual afectan a los dos miembros de la pareja e influyen en la relación, al crear miedos y barreras. Muchas de ellas son más fácilmente reconocibles en la mujer, pero de ninguna manera significa la inmunidad del hombre. Los tratamientos siempre deben darse a ambas partes de la pareja, aun ante la ausencia de síntomas. Es importante que al menos una vez al año la mujer lleve a cabo exámenes ginecológicos regulares.
Estos son los tipos de enfermedades sexuales y algunas de las más comunes:
Parasitarias: Entre ellas, la más común es la tricomoniasis es una infección genital causada por la Trichomona vaginalis, un parásito que no forma parte de la flora habitual de la vagina. Esta enfermedad se caracteriza en la mujer por la presencia de flujo abundante, amarillo y espumoso por la presencia de burbujas de aire que le otorga un aspecto característica. Es maloliente y si no es tratado persiste durante todo el mes incrementándose después de la menstruación. Al examen ginecológico se visualiza la vagina profusamente enrojecida y con un puntillado hemorrágico que se propaga hacia el cuello del útero. Los síntomas suelen aparecer después de 3 a 28 días de incubación.
Virales: Dentro de las enfermedades de transmisión sexual producidas por virus podemos citar la condilomatosis, el SIDA (o síndrome de inmunodeficiencia adquirida) y el herpes genital.

La condilomatosis genital, también conocida con el nombre de verrugas genitales es una enfermedad de transmisión sexual cuyo agente etiológico es el HPV o virus del papiloma humano. La infección no es patrimonio del tracto genital femenino sino que puede comprometer el aparato genital masculino produciendo lesiones verrugosas del glande. En la mujer en caso de enfermedad extensa puede llegar a involucrar cara interna de muslos, vulva, vagina, cuello uterino y región perianal.

Existen distintas cepas virales algunas de las cuales se han asociado con la producción de lesiones premalignas y malignas en el cérvix uterino. Si bien es cierto que existe un largo período entre la infección genital y su eventual transformación maligna, habitualmente se asocia con la presencia de factores concomitantes como tabaco, infecciones virales o microbianas y estados de inmunodepresión.

La condilomatosis verrugosa tiene su mayor incidencia en la población sexualmente activa menor de 30 años y se puede presentar como una infección clínica visible a simple vista o una infección subclínica no visible y detectada por estudio citológico (de las células). El período de incubación oscila entre 6 semanas y 8 meses. Si estas lesiones no son tratadas suelen desaparecer en el término de 3 a 5 años (forma autolimitante).

En cambio, en una mujer embarazada (que presenta una inmunodepresión fisiológica, normal) es frecuente la presencia de infección por HPV en tracto genital inferior.

Si bien la infección no constituye un riesgo para la madre, existe la posibilidad de contagio del recién nacido al pasar por el canal de parto contaminado. Esto origina proliferaciones epiteliales benignas de las vías respiratorias, provocando a nivel faríngeo disfonía y obstrucción de las vías aéreas, denominada “papilomatosis respiratoria recurrente”. Su incidencia es de 1/400 partos por lo cual se sugiere el nacimiento por vía alta (cesárea abdominal) en los casos de verrugas genitales voluminosas que obstaculizan el parto por vía vaginal o que infectan todo el tracto genital inferior.

En cuanto a la terapéutica de esta patología, no existe hasta la fecha una medicación específica antiviral sistémica o tópica (local) capaz de actuar contra el HPV con un 100 % de curaciones. Sí se cuenta con terapias destructivas locales. Se debe insistir en el relevamiento de las parejas sexuales masculinas donde habitualmente la sintomatología es escasa o nula a través de la penescopía (visualización de los genitales masculinos por medio de lentes de gran aumento) y eventualmente el estudio biópsico correspondiente.
Otra enfermedad de transmisión sexual es la infección producida por el Herpes Simple tipo II que se manifiesta fundamentalmente a través de una vulvovaginitis. Es de carácter recidivante, es decir que una vez adquirida la infección se puede repetir en distintas oportunidades. Clínicamente se caracteriza por la aparición de múltiples lesiones dolorosas vesiculares (ampollas) hasta una etapa con ulceraciones con presencia de ganglios inguinales.

Cuando hablamos de infección por HIV debemos clarificar algunos conceptos. El HIV o Virus de la Inmunodeficiencia Humana es un retrovirus que se caracteriza por producir alteraciones inmunitarias en menos en el huésped que infecta y por ende lo hace susceptible de contraer cualquier tipo de infecciones, preferentemente oportunistas. Hasta hoy se reconoce la existencia de dos partículas virales: el HIV tipo I y el HIV tipo II. Este último se halla limitado preferentemente a África Occidental mientras que el primero tiene una distribución mucho más amplia.

El SIDA o Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida es una enfermedad sistémica producida por el HIV que se caracteriza por la producción de alteraciones inmunitarias (inmunodepresión) en el huésped que infecta.
Por lo tanto debe quedar claro que SIDA e infección por HIV no son sinónimos. Puede haber infección por HIV sin que el individuo se encuentre enfermo, es decir lo que se denomina portador o individuo HIV positivo, y no presente SIDA enfermedad que cambia radicalmente el pronóstico de esta patología.
El HIV es una partícula esférica constituida por tres capas concéntricas. Todos los componentes virales son fuertemente antigénicos, es decir capaces de inducir la formación de anticuerpos. El reservorio natural es el agente donde vive y se multiplica el virus, desde donde puede transmitirse a otro individuo (huésped) a través de una fuente de infección, es decir el elemento que vehiculiza la partícula viral hacia el nuevo huésped. Actúan como puerta de entrada los orificios naturales o artificiales (venopunturas) a través de los cuales ingresa a un individuo.
En personas infectadas con el virus del HIV o enfermos de SIDA se puede aislar el virus en la sangre, saliva, semen, lágrimas, leche materna, secreciones vaginales, líquido cefalorraquídeo, pleural, pericárdico y amniótico. De todos los vehículos de salida enumerados anteriormente, los que mayor concentración de virus presentan son: sangre, semen, secreciones vaginales y leche materna y por lo tanto son los medios más efectivos en la transmisión de enfermedad.

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